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Bajo la Luz de la Luna

 


Era una noche cálida de verano en Sevilla. La ciudad, vestida de susurros y luces tenues, parecía más mágica que nunca. Las calles estrechas y empedradas reflejaban la luz de la luna llena, creando un aura de misterio y romance.

Mario caminaba sin rumbo fijo, dejando que sus pensamientos y pasos lo guiaran. Había oído hablar de Antonella, una mujer de extraordinaria belleza y encanto, conocida en toda la ciudad no solo por su trabajo como escort, sino por la calidez y profundidad de su carácter. Decidió buscarla, deseando encontrar en ella algo más que una simple compañía pasajera.

La encontró en un pequeño parque, sentada en un banco bajo la luz plateada de la luna. Antonella parecía una visión etérea, su figura bañada en la suave luminosidad nocturna. Mario se acercó con timidez, sintiendo cómo su corazón latía más rápido.

—Buenas noches —dijo Mario, su voz apenas un susurro.

Antonella levantó la mirada y le regaló una sonrisa que iluminó aún más la noche.

—Buenas noches, Mario —respondió ella con suavidad—. Te estaba esperando.

Sorprendido de que supiera su nombre, Mario se sentó a su lado. La conversación fluyó de manera natural, como si ambos se conocieran desde siempre. Hablaron de sus sueños, de sus miedos, de la vida y del amor. La luna, testigo silenciosa de su encuentro, parecía brillar con más intensidad.

Horas pasaron como minutos, y antes de que se dieran cuenta, el cielo empezaba a clarear con los primeros rayos del amanecer. Mario sintió que algo había cambiado dentro de él, como si esa noche hubiera encontrado una parte de sí mismo que había estado perdida.

—Gracias por esta noche, Antonella —dijo Mario al despedirse—. Ha sido… inolvidable.

Antonella lo miró a los ojos, y en su mirada, Mario vio una promesa de futuras noches bajo la luna.

—Hasta pronto, Mario —respondió ella, y con una última sonrisa, se perdió en las sombras del amanecer.

Mario regresó a casa con el corazón ligero y una sonrisa en los labios, sabiendo que aquel encuentro bajo la luz de la luna había sido el comienzo de algo mucho más grande.